domingo, 21 de febrero de 2016

Recuerdos: Nuestra primera FIV

Hoy os voy a seguir explicando un poco más de todo el camino ya andado. Concretamente de nuestro primer tratamiento, nuestra PRIMERA FIV.

Fue directamente una FIV+ICSI+DGP en la Clínica Somdex de Barcelona. A pasado mucho tiempo, más de 4 años, remontandonos a Enero-Febrero del 2012. Fue una FIV llena de inocencia, ilusión e ignorancia. Yo diría que mucha ignorancia. Ilusos de nosotros pensábamos que de allí saldría embarazada y nada más lejos de la realidad.

Recuerdo vivirla con  miedo. Me daba mucho respeto tener que pincharme toda esa cantidad de medicación. Nunca había pasado por un quirófano ni había tenido que medicarme. Maridín, apoyandome en todo, decidió coger las riendas desde el primer momento y ha sido él quien se ha encargado de cada uno de los pinchazos que se ha llevado mi barriga.

Que decir de la ilusión. Esa emoción que se escapa de la razón y que da lugar a la esperanza de ver cumplido nuestros sueños y deseos. Pues ella también jugó un papel importante. Cuando empiezas en este camino de la infertilidad piensas que se consigue a la primera e incluso, con una pizca de suerte, con doble premio (mellizos). Pero no, te das cuenta que no es tan fácil. Fijaros hasta donde llego nuestra ilusión, que  durante nuestra primera FIV estuvimos a punto de comprar un cochecito de segunda mano "bugaboo" a unos conocidos que lo vendían y estaba en perfecto estado. Al final, desistimos de esa voraz idea simplemente por creer en ¿y si vienen dos que hacemos?

 La infertilidad es un camino tabú que lo hace solitario y hostil. Por suerte esto está cambiando pero todavía queda mucho por hacer. No tenia a nadie con quien compartir mis dudas, sentimientos, miedos, desahogos, etc... Solamente nos teníamos uno al otro, y para no preocuparnos obviábamos hablar del tema. Cuanto hubiera deseado tener a alguien a mi lado, que me prestara sus oídos para escucharme, sus brazos para acurrucarme y su fuerza para ahuyentar mis miedos.

El 29 enero del 2012 me estrené con mi primer pinchazo de Gonal. Con una sonrisa de oreja a oreja, mirando al cielo y pensando en mi estrella, dimos salida a nuestra primera FIV. Estuve medicandome nueve días, al onceabo tuvo lugar la punción y conseguimos 18 óvulos maduros.

La clínica Somdex no dispone de quirófano propio y la intervención fue en las instalaciones de la clínica Tres Torres, que se encuentran en el mismo edificio. La organización ese día no fue muy buena y no habían habitaciones disponibles. Me tuve que desvestir a un ladito del pasillo dirección a quirófano, donde me puse la bata, zapatillas y el gorro. Me trajeron una camilla, me tumbé y allí mismo pusieron la via para la anestesia. Pasado unos minutos me vinieron a buscar y entré a quirofano. Recuerdo despertar y encontrarme de nuevo en aquel pasillo heladita de frío. Allí me dieron de beber un zumo y cuando me recuperé, me vestí y fui rápidamente en busca de maridin que estuvo todo el rato esperandome en la sala de espera.

Subimos a la planta de arriba y allí nos atendió la doctora suplente. Nuestro doctor estaba de viaje. Nos comento que se habían sacado 18 óvulos maduros y que se procedería a realizar la ICSI. Nos informo que al día siguiente nos llamarían para decirnos cuantos habían fecundado y su evolución.

Estábamos muy felices. Desde nuestro desconocimiento a lo que nos estábamos enfrentando, 18 óvulos nos parecía una súper cifra, que traducido a posibles hijos, era la bomba!

Llegado este punto, con la contentura que llevábamos, empezó mi peripecia con la retención urinaria post-punción. Antes de abandonar las instalaciones de la clínica debía hacer un pipi y  resultó ser una misión imposible. Mi vejiga no estaba por la labor y tuvieron que realizarme un sondaje.

Los días siguientes fuimos recibiendo noticias. Obtuvimos 15 embriones y a día +3 biopsiaron 7. Nos programaron la transferencia para el 13/02. Ese día fue especialmente nervioso. Si nos llamaban querría decir que ningún embrión había superado el DGP. Nunca llegó esa llamada y pudimos vivir por primera vez ese maravilloso momento, la transferencia.

Una vez en la clínica nos informaron que de los 7 embriones biopsiados, 1 se bloqueo, 4 tenían anomalías cromosomáticas y 2 eran sanos. Nuestras caras eran el reflejo del alma, felicidad pura. ¡Teníamos 2 preciosos blastos! ¡Nuestros dos pequeños venían en camino!

Entré de nuevo en quirófano, pero esta vez era diferente. Iba a recibir a mis 2 pequeños conmigo. ¡Por primera vez iba a estar embarazada! Ese momento es único, maravilloso e inexplicable. Valió la pena cada uno de esos pinchazos simplemente por poder vivirlo. Maridin no me pudo acompañar. Por protocolo de la clínica, las parejas no pueden estar presentes en quirófano. Eso fue una espinita que me quedo clavada.

Durante la betaespera cada pequeño cambio de mi cuerpo lo relacionaba con un posible embarazo. Me recordaba a mi misma la importancia de estar positiva y realista. Me cogí una semana de vacaciones para estar lo más relajada posible. Los 2 primeros días serán recordados por pasarmelos del sofá a la cama y viceversa. El resto hice vida normal, sin esfuerzos. Lo que más me preocupaba era el estrés que pudiera generar mis cambios de ánimos a mis pequeños.

Cuando quedaban 5 días para la beta, recuerdo que fui al lavabo a hacer un pipí y al limpiarme tenia todo el papel manchado de sangre roja. Rompí a llorar desconsoladamente. Sentía como mi sueño se esfumaba.... Llamé a la clínica y me dijeron que aumentara la dosis de progesterona e hiciese reposo. Adelantamos la beta al lunes. Al día siguiente seguía manchando pero menos. No quería seguir sufriendo, aquella incertidumbre me estaba consumiendo. Decidimos comprar un clearblue y hacerlo a primera hora de la mañana del sábado. No pegué ojo en toda la noche. Sobre las 07.00h de la mañana me levanté, no aguantaba más. Maridin se percató y siguió mis pasos. Nos hicimos el test de embarazo y..... nunca unas palabras me hicieron tanto daño: NO EMBARAZADA.

En ese momento supe que mi sueño se había esfumado. Me derrumbé. Maridin no paraba de acariciarme y abrazarme. Solo hubo silencio y lágrimas. La tristeza que me invadía no me dejaba respirar. Necesitaba llamar a mi madre. Necesitaba escucharla y explicarselo todo.
La llamé. Mis lloros hablaron por si solos. Sus palabras me envolvieron como si de sus propios brazos se tratara. La sentí muy cerca. Sentí esa forma especial que tiene ella de abrazarme y acariciarme la cabeza susurrandome al oído: "Cariño no te pongas así. Te quiero mi vida, tú y tu hermana lo sois todo para mi"
Me pase todo el fin de semana llorando. La tristeza inundaba cada rincón de nuestra casa. La beta negativa del lunes solo acabó de confirmar lo que ya conociamos. Se acabo nuestro sueño.



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